«¡Si no creyera en la vida, si hubiera perdido la confianza en la mujer amada, perdido la fe en el orden establecido, incluso si hubiera llegado a la convicción de que, por el contrario, todo no es más que un caos desordenado, maldito y tal vez diabólico, si fuera golpeado por todos los horrores de la decepción humana, aún entonces no sentiría menos ganas de vivir y puesto que me he llevado esa copa a los labios, no la abandonaré hasta haberla vaciado».